Este es un espacio seguro para pausar, observar lo que sientes y tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a un buen amigo.
El ejercicio tomará solo unos minutos. Sigue las indicaciones a tu propio ritmo.
Toma una respiración profunda...
...y nota el contacto del aire con tu cuerpo al entrar y salir.
Observa lo que está ocurriendo dentro de ti en este momento, sin intentar cambiarlo.
Toca una zona, nombra la emoción y de qué color te la imaginas. Si lo necesitas, puedes escribir más de una emoción por zona
"Está bien sentir esto. Es válido. Dale espacio a esta emoción, como si fuera un invitado temporal en tu cuerpo."
A veces, el cuerpo necesita sentir apoyo físico para calmarse.
Te invito a probar un gesto de tacto compasivo. Puedes poner una mano suavemente sobre tu corazón...
...o si lo prefieres, ahueca una mano sobre la otra en tu regazo (como si sostuvieras algo valioso), o abraza tus propios brazos sintiendo su firmeza.
Tómate un momento para notar la sensación de este tacto. Siente el calor de tus manos y la presión suave sobre tu cuerpo.
Lo que estás experimentando en este momento es difícil, pero no estás solo/a. El dolor, la frustración y el cansancio son partes normales de la vida.
Aunque tu vivencia es única, experimentar dificultad es profundamente humano. No hay nada defectuoso en ti por sentirte así; este sentir no te aísla, sino que te conecta con los demás.
Imagina que un buen amigo o amiga está en esta misma situación que tú...
¿Qué sientes al verlo así?
¿Qué desearías para él o ella?
Has dado un paso valioso al acompañarte en este momento difícil sin juzgarte.
Recuerda que puedes volver a este espacio siempre que lo necesites.